La Orden de los Cartujos

El camino cartujano

El fin : la contemplación

« …descubrir la inmensidad del amor. »

Estatutos 35,1

El fin principal del camino cartujano es la CONTEMPLACIÓN. Vivir tan continuamente como sea posible a la luz del amor de Dios hacia nosotros, manifestado en Cristo, por el Espíritu Santo.
Esto supone de nuestra parte la pureza de corazón, o la caridad : « Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. » (Mt 5,8)
La tradición monástica llama a este fin la oración pura y continua.

Los frutos de la contemplación son : la libertad, la paz, la alegría. O Bonitas! ¡Oh Bondad!, era la exclamación de alegría que brotaba del corazón de Bruno. Pero la unificación del corazón y la entrada en el reposo contemplativo, suponen un largo camino. Nuestros Estatutos lo describen de la manera siguiente :

« Quien persevera firme en la celda y por ella es formado, tiende a que todo el conjunto de su vida se unifique y convierta en una constante oración. Pero no podrá entrar en este reposo sin haberse ejercitado en el esfuerzo de un duro combate, ya por las austeridades en las que se mantiene por familiaridad con la cruz, ya por las visitas del Señor mediante las cuales lo prueba como oro en el crisol. Así, purificado por la paciencia, consolado y robustecido por la asidua meditación de las Escrituras, e introducido en lo profundo de su corazón por la gracia del Espíritu, podrá ya no sólo servir a Dios, sino también unirse a Él. »

Estatutos 3,2

Por lo tanto, toda la vida monástica consiste en esta marcha hacia el fondo del corazón y todos los valores de nuestra vida están orientados hacia ese fin. Estos valores ayudan para que el monje unifique su vida en la caridad y le introducen en lo profundo de su corazón.

Hablando con propiedad, este fin no nos distingue de los demás monjes contemplativos (Cistercienses, Benedictinos…), pero es el camino emprendido, cuyas características esenciales son las siguientes :

  • la soledad
  • cierta combinación de vida solitaria y de vida comunitaria
  • la liturgia cartujana

La soledad

Compartimos algunos valores monásticos con otros monjes contemplativos: la ascesis (vigilias y ayunos), el silencio, el trabajo, la pobreza, la castidad, la obediencia, la escucha de la Palabra, la oración, la humildad. Otros, nos son propios.

La primera característica esencial de nuestra vida, es la vocación a la soledad, a la cual somos especialmente llamados. El monje Cartujo busca a Dios en la soledad.

« El empeño y propósito nuestros son principalmente vacar al silencio y soledad de la celda. Esta es, pues, la tierra santa y el lugar donde el Señor y su siervo conversan a menudo como entre amigos; donde el alma fiel se une frecuentemente a la Palabra de Dios y la esposa vive en compañía del Esposo; donde se unen lo terreno y lo celestial, lo humano y lo divino. »

Estatutos 4,1

La soledad se vive a tres niveles :

  1. la separación del mundo
  2. la guarda de la celda
  3. la soledad interior, o la soledad del corazón
  1. La separación del mundo se lleva a cabo por la clausura. No salimos del monasterio sino más que para un paseo semanal(espaciamiento). No recibimos visitas ni ejercemos apostolado exterior alguno. En el monasterio no tenemos radio ni televisión. El Prior es quien recibe las noticias y transmite a los monjes lo que no deben ignorar. Así se encuentran reunidas las condiciones necesarias para que se desarrolle el silencio interior que permite al alma permanecer atenta a la presencia de Dios.
  2. La Celda Celda es una vivienda acondicionada para proporcionar al Cartujo la soledad tan completa como sea posible, asegurándole lo necesario para la vida. Cada celda consiste en un apartamento con planta alta, rodeado de un pequeño jardín, donde el monje permanece en soledad la mayor parte del día durante toda su vida.
    Coupe d'un ermitage   Celda
    Debido a esta soledad cada una de nuestras casas se llama desierto o yermo.
  3. Sin embargo, la clausura y la guarda de la celda no aseguran más que una soledad exterior. Es el primer paso que favorece la soledad interior, o pureza del corazón: mantener su corazón alejado de cuanto no es Dios o no conduce a Dios. A este nivel es donde el Cartujo se enfrenta con las veleidades de su imaginación y las fluctuaciones de su sensibilidad. Mientras el monje dispute con su "yo", sus sensibilidades, sus pensamientos inútiles, sus deseos irreales, aún no está centrado en Dios. Aquí es donde experimenta realmente su fragilidad y el poder del Espíritu Santo y donde aprende poco a poco « …la costumbre de la tranquila escucha del corazón, que deja entrar a Dios por todas sus puertas y sendas. » (Estatutos 4,2)

Acogida

En la Cartuja, las celebraciones litúrgicas no incluyen un fin pastoral. Así se explica por qué no se admiten a participar en la Misa o en los oficios celebrados en la iglesia de nuestros monasterios a las personas que no pertenecen a la Orden. Por vocación a la soledad, la acogida se limita a la familia de los monjes (2 días al año) y a los aspirantes a nuestro género de vida, ejercitantes.

Vida solitaria y vida comunitaria

Una comunión de solitarios

« La gracia del Espíritu Santo congrega a los solitarios para formar una comunión en el amor, a imagen de la Iglesia, que es una y se extiende por todas partes. »

Estatutos 21,1

Lo característico de la Cartuja se debe, en segundo lugar, a la parte de vida común que está indisolublemente ligada al aspecto solitario. Este fue el rasgo genial de S. Bruno, inspirado por el Espíritu Santo, haber sabido combinar desde el principio una proporción equilibrada de vida solitaria y de vida común, de forma que la Cartuja llegará a ser una comunión de solitarios para Dios. Soledad y vida fraterna se equilibran mutuamente.

La vida comunitaria tiene cada día su manifestación concreta en la liturgia cantada en la iglesia. Y todas las semanas, por reuniones de la comunidad : el domingo, en el momento de la comida del mediodía tomada en silencio en el refectorio y, después de la comida, durante la recreación semanal. Además, el primer día de la semana, un paseo largo, de alrededor de cuatro horas (el espaciamiento) durante el cual hablamos, nos permite conocernos mejor. Estas recreaciones y paseos tienen como fin cultivar el mutuo afecto y favorecer la unión de los corazones, al mismo tiempo que aseguran el equilibrio físico.

Padres y Hermanos

Una comunidad cartujana está formada por monjes del claustro, sacerdotes o destinados a serlo (Padres) y por monjes conversos o donados (Hermanos). Los monjes del claustro viven una soledad más estricta. No salen de su celda fuera de las ocasiones previstas por la Regla (ordinariamente tres veces al día para la liturgia; algo más frecuentemente el domingo). Allí se ocupan en la oración, la lectura y el trabajo (serrar madera para calentarse en invierno, cultivar el jardín, mecanografía, carpintería…). Los Hermanos aseguran por su trabajo fuera de la celda los diferentes servicios de la comunidad (cocina, carpintería, lavado de ropa, explotación del bosque…). Se trata de un mismo ideal, vivido de dos maneras diferentes. Los Hermanos, en cuanto es posible, también trabajan en silencio y soledad. Tienen su parte de vida en la celda, pero no tanto como los Padres. Las dos fórmulas se completan para formar la única Cartuja y corresponden a aptitudes diferentes de quienes desean entrar en la vida cartujana.

En la forma de vida de los Hermanos, todavía existen dos opciones posibles, la de los religiosos llamados Conversos (monjes que emiten exactamente los mismo votos que los Padres) y la de los Donados.

Éstos son monjes que no pronuncian votos pero, por amor a Cristo, se entregan a la Orden por un compromiso (contrato recíproco). Tienen costumbres propias que difieren de la de los conversos: su asistencia a los Oficios, sobre todo al Oficio de la noche, es menos estricta, están menos obligados a oraciones vocales, etc. Viven sin tener nada como propio, conservan, sin embargo, la propiedad y disposición de sus bienes. Al cabo de siete años pueden comprometerse definitivamente o entrar en un régimen de renovación trienal de su donación. Su ofrenda no es menos sincera que la de los demás monjes, siendo así que cumplen trabajos difícilmente compatibles con las observancias de los conversos.

Las monjas admiten los mismos tipos de vocación con los nombres de monjas de coro, monjas conversas y monjas donadas.

La liturgia cartujana

Características de la liturgia cartujana

Desde su llegada a Cartuja, S. Bruno y sus compañeros formaron una liturgia particular adaptada a su vocación eremítica y a la dimensión reducida de su comunidad. A lo largo de los siglos, nuestros padres trataron de conservar esta liturgia acomodada a nuestra vida solitaria y contemplativa.
En comparación con la liturgia romana, el rito cartujano se caracteriza por una gran simplicidad y una sobriedad a nivel de formas exteriores que, por encima de las expresiones visibles y sensibles, favorecen la unión del alma con Dios.

Algunos elementos de nuestra liturgia :

  1. muchos tiempos de silencio
  2. la prohibición de todo instrumento musical
  3. el canto gregoriano, que fomenta la interioridad

La celebración cotidiana de la liturgia

La celebración del sacrificio eucarístico es el centro y la cima de la vida comunitariae :

  • los monjes se reúnen para celebrar la Pascua del Señor. Esta eucaristía no puede ser concelebrada más que los días en que la vida cartujana reviste un carácter especialmente comunitario: domingos y grandes fiestas. Ordinariamente, no hay más que un celebrante en el altar, y la plegaria eucarística se dice en voz baja. La comunidad participa en esta liturgia eucarística por el canto gregoriano, la oración interior y la comunión.
  • A otra hora, cada monje sacerdote celebra los santos misterios en una capilla solitaria, haciendo suya la aplicación universal propio del sacrificio eucarístico.

Otro tiempo fuerte de la jornada eucarística es el oficio celebrado en la iglesia a media noche (Maitines y Laudes) : durante dos o tres horas, según los días alternan el canto de los salmos y lecturas de la sagrada escritura o padres de la Iglesia, tiempos de silencio y preces de intercesión. Este largo oficio es particularmente apreciado por todos los cartujos. En él, cada uno, unido a sus hermanos, aunque de una manera personal, puede vivir una intensa y profunda comunión con Dios.

El canto con notas (antífonas, responsorios, himnos, propio de la misa, Kyrial) se canta siempre en latín, según las antiguas y hermosas melodías gregorianas propias de los cartujos. La salmodia se puede cantar en la lengua propia del país (español, italiano, francés e ingles). Las lecturas, se dicen en la lengua propia. En la celda se puede decir el oficio en latín o en lengua vernácula.

Hacia el fin de la jornada, los monjes se encuentran de nuevo en la iglesia para celebrar el oficio de Vísperas. Las demás partes se celebran por cada monje en su celda, excepto los domingos y ciertos días de fiesta, en los que se cantan en la iglesia. Los cartujos, además del oficio divino, recitan diariamente en la celda el oficio de la Virgen María y, una vez por semana, un oficio especial a intención de los difuntos : Es el momento en que interceden ante Dios para que acoja en su Reino eterno a todos los que han dejado este mundo.

Gracias a la liturgia, la Cartuja no es un grupo de solitarios aislados entre sí, sino que forman una verdadera comunidad monástica, de esta forma manifiestan el misterio de la Iglesia y dando un lugar al culto público que con su oración tributa a Dios.

En el corazón de la Iglesia y del mundo

« Separados de todos, nos unimos a todos para, en nombre de todos, permanecer en la presencia del Dios vivo. »

Estatutos 34,2

La alabanza

El Cartujo no ha escogido la soledad por sí misma, sino porque ve en ella un excelente medio para él, de llegar a más íntima unión con Dios y con todos los hombres. Entrando en la profundidad de su corazón es como el Cartujo llega a ser solitario, en Cristo, presente en todo ser humano. Se hace solitario por querer ser solidario. Los contemplativos están en el corazón de la Iglesia. Cumplen una función esencial de la comunidad eclesial: la glorificación de Dios. El Cartujo se retira al desierto, ante todo, para adorar a Dios, alabarle, contemplarle, dejarse seducir por Él, entregarse a Él, en nombre de todos los hombres. La Iglesia le ha encargado que, en nombre de todos, sea un alma de continua oración.

La intercesión

Desde siempre la Iglesia reconoce que los monjes entregados únicamente a la contemplación desempeñan el oficio de intercesores. Como representantes de toda la creación, cada día, en todos los oficios litúrgicos y en el momento de la Eucaristía rezan por vivos y difuntos.

Testimonio

« Tendiendo por nuestra Profesión únicamente a Aquel que es, damos testimonio ante un mundo demasiado implicado en las cosas terrenas, de que fuera de Él no hay Dios. Nuestra vida manifiesta que los bienes celestiales están presentes ya en este mundo, preanuncia la resurrección y anticipa de algún modo la renovación del mundo. »

Estatutos 34,3

No es por la palabra ni por el contacto personal que el solitario da semejante testimonio. Únicamente por su sola presencia, el monje testifica que Dios existe y que puede llenar el corazón del hombre.

La penitencia

El camino ascético asocia el Cartujo a la obra de Cristo, para la salvación del mundo :

« Por la penitencia participamos en la obra de salvación de Cristo, el cual redimió al mundo esclavo del pecado, especialmente con su oración al Padre y sacrificándose a Sí mismo. Por esto, los que pretendemos vivir este aspecto cristiano de la misión de Cristo, aunque no nos dediquemos a ninguna acción externa, sin embargo ejercitamos el apostolado de una manera preeminente. »

Estatutos 34,4

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