La Orden de los Cartujos

La vocación de las monjas cartujas

Libre para Dios

La vida en la Cartuja tiene un rasgo de absoluto: Dios sólo, para siempre.

Su exigencia es infinita, pero es una exigencia de amor: hacer profesión de fidelidad, de seguir a Cristo hasta la muerte, de vivir siempre unida a Él.

La monja cartuja ha sido elegida por Dios.

Ella ha elegido a Dios; ha elegido todo.

Y su elección es irrevocable.

Encarna esta decisión de no-retorno pronunciando los votos de conversión de costumbres, estabilidad y obediencia.

Cautivada por el amor de Cristo, se ha donado a Él.

Se ha hecho libre con la esperanza de amarlo hasta el extremo, a Él y a los suyos que están en el mundo; amar como Él ha amado y con Su mismo amor.

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