La Orden de los Cartujos

La vocación de las monjas cartujas

Sólo Dios

Dios sólo basta. Por él, las cartujas lo han dejado todo. Con él, viven ellas. En él, tienen ellas su morada.

¿Cómo hablar de esta vida con Aquél que es la Vida?

Él sólo puede revelarla poco a poco a quien la busca.

Hemos simplemente pretendido presentar una visión general de ella, plenamente conscientes de la insuficiencia de nuestro intento.

Y para empezar, ¿Puede Dios realmente exigir que alguien viva sólo para Él?

El no lo exige,

sino más bien, lo espera.

¿Es que acaso no merece que un pequeño número de los hombres que ha creado se consagren a alabar a su creador?

Si Dios está siempre con nosotros, es necesario que estemos siempre con él: tal es la lógica de aquellos a los que el Espíritu llama a la vida puramente contemplativa.

La seduciré,
la llevaré al desierto
y le hablaré al corazón
(Os 2, 16)

La Palabra de Dios, pronunciada hace milenios, está aún viva en la actualidad.

Dios atrae.

Dios cautiva.

Dios lleva al desierto.

Como la Cartuja en donde vivieron san Bruno y sus compañeros, los monasterios cartujanos brindan a quienes los habitan la soledad y el silencio del desierto.

Soledad y despojo, aridez, sed…

Mas este desierto tiene también sus oasis: Dios habla ¡y su palabra mana alegremente!

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