La Orden de los Cartujos

La vocación de las monjas cartujas

Los votos

Conversión de costumbres

Por la profesión monástica la cartuja se compromete desde el comienzo a la conversión de costumbres. Ha seguido a Jesús al desierto, pero Jesús quiere que ella se adentre cada vez más en su seguimiento. Se termina en algún momento de dejar todo por Él? Se termina en algún momento de buscar su rostro? Continuamente llama más y más lejos.

La monja está a la escucha. No puede cesar de escuchar porque ama. Se comprometió a amar cada vez más, y todas las banalidades de su existencia son transfiguradas: es por ellas que la cartuja da su respuesta de amor!

Estabilidad

La monja hace también voto de ESTABILIDAD. No es esto contradictorio? Por el voto de conversión de costumbres se compromete a avanzar siempre, y por el de estabilidad, a permanecer en un mismo sitio. La contradicción no es más que aparente, puesto que Dios es la eterna fidelidad de un amor perpetuamente nuevo.

Para una cartuja amarlo es ir a morar al desierto, comprometerse a permanecer allí por el voto de estabilidad, y comulgar de este modo con su fidelidad.

Amarlo es responder a su amor siempre nuevo, con la alegría de una marcha incesante hacia Él, a través del desierto: esto se realiza por medio del voto de conversión de costumbres. Sin este la monja podría caer en la rutina, en la esclerosis.

Sin el voto de estabilidad probablemente la contemplativa fuese una desarraigada, continuamente en búsqueda de un nuevo equilibrio.

Obediencia

El voto de obediencia le da la oportunidad de demostrar este amor siempre fiel y siempre nuevo que la posee. Jesús fue todo apertura, todo impulso, todo obediencia a su Padre. Por su obediencia iba hacia el Padre. Iba hacia Él tan perfectamente a cada instante que la muerte no pudo retenerlo. La atravesó.

En una soledad cada vez más completa se hizo obediente hasta la muerte, y este fue el perfecto paso al Padre, la resurrección, la gloria. Su amor por Cristo impulsa a la cartuja fuera de sí misma. Y ya no cuenta más lo que ella quiere sino lo que quiere Él, Cristo.

Lo que Él quiere? Esta vida en una Cartuja, con toda su monotonía y toda su alegría. Ella también la quiere. Está disponible para todas sus exigencias, hasta en el menor detalle. Es esto obedecer? Sí.

Liberarse de sí por amor, estar en total acuerdo de pensamiento y de acción con Jesús. Ir hacia Él, ir hacia el Padre. Como el de Jesús, este paso bien puede ser a veces un desgarro, una muerte… Siempre por una resurrección.

Pobreza

Cristo se puso totalmente en las manos de su Padre, en las manos de los hombres. Vivió por el Padre y para el Padre; por los hombres, en cierto sentido, y para los hombres. Perfecta obediencia y perfecta pobreza que no tuvieron otra fuente más que un perfecto amor. En su cumbre obediencia y pobreza se unen: es por ello que la cartuja no hace voto explícito de pobreza; está contenido en aquel de obediencia.

Elegir la pobreza no significa en forma alguna despreciar los dones de Dios. La monja es libre solamente en la medida en que es capaz de prescindir de ellos como quien atraviesa el desierto; no se carga de nada superfluo, sino que recibe con alegría la menor gota de agua.

Ser para Dios, por Dios, para los otros y por los otros, eso significa una puesta en común de todo lo que se tiene, de todo lo que se es.

Significa entregarse completamente, en cuerpo y alma, a la comunión fraterna. Dios nos ha hecho para la comunión. No puede existir una verdadera soledad sin este total empobrecimiento que nos torna hacia Dios y hacia los otros.

Castidad

La monja recibe todo de Dios para, a su vez, devolvérselo; aun su propio ser. La castidad es una consecuencia normal de esta donación total a Dios en la soledad; así la cartuja asume un compromiso prometiendo obediencia sin un voto explícito.

Dios libera su corazón; viene a colmar y dilatar todas sus posibilidades de amar. Derrama en ella un amor desbordante, de las dimensiones del universo.

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