La Orden de los Cartujos

¿ Qué dicen los Papas ?

Los papas han sido siempre los defensores de los carismas particulares que el Espíritu Santo suscita sin interrupción en la Iglesia. Los cartujos nacieron con la bendición de Urbano II y nunca les faltó el consuelo, el apoyo y hasta la defensa del papa. En las cuatro cartas siguientes brilla este aprecio por Bruno y por la vida contemplativa.

No hemos transcrito las cartas en su integridad, ya que hemos creído más oportuno, entresacar de ellas aquellas partes más interesantes para el presente trabajo, intentando mantener en ellas la unidad y el mensaje que quieren transmitir.

Inocencio XI. Constitución Apostólica "Iniunctum nobis" (1688)

"La Orden de los cartujos es un excelente árbol plantado por la diestra de Dios en el campo de la Iglesia militante, y siempre fecundo en frutos de santificación… Esta Orden y sus miembros no cesan de servir al Señor en la contemplación de las sublimes verdades divinas."

Pío XI. Constitución Apostólica "Umbratilem…" (1924)

"Pues, en verdad, ninguna otra condición o género de vida más perfecto puede proponerse a los hombres, supuesta la divina vocación, para que lo elijan y abracen; ya que la estrechísima unión con Dios de los que pasan en el claustro su vida solitaria y silenciosa, y la interna santidad de los mismos, es lo que mantiene en todo su esplendor esa santidad que la Esposa inmaculada de Jesucristo ofrece a la vista de todos para que la contemplen e imiten".

"Es práctica habitual y como principal misión de tales solitarios, el ofrecerse y consagrarse a Dios oficialmente, digámoslo así, como víctimas propiciatorias por la propia salvación y la de sus prójimos".

"Dios, pues, benignísimo, que en ningún tiempo ha dejado de mirar por los intereses y necesidades de su Iglesia, escogió a Bruno, varón de insigne santidad, para devolver a la vida contemplativa el lustro de su prístina pureza".

"Es cosa bien sabida que los cartujos, de tal manera han conservado en el transcurso de casi nueve siglos el espíritu de su Fundador, Legislador y Padre, que, al contrario de lo sucedido en otros Institutos, no han tenido nunca necesidad de corrección alguna o de reforma".

"Si en algún tiempo ha sido conveniente que hubiese en la Iglesia de Dios tales anacoretas, mayor motivo hay para que existan y prosperen en los tiempos actuales, donde vemos a tantos cristianos que, sin acordarse para nada del cielo, corren en pos de las riquezas terrenas".

"Obedeciendo a las leyes propias de su Orden, no sólo exactamente, sino más bien con cierta generosa prontitud de ánimo, y siendo la observancia de estas leyes medio eficaz para elevar las almas a la santidad más encumbrada, no pueden por menos estos monjes de llegar a convertirse en poderosísimos y constantes intercesores con Dios en favor del pueblo cristiano".

Pablo VI. Carta al Ministro General de la Orden para el Capítulo General (1971)

"Justamente se afirma que han elegido la parte mejor (Lc 10,41) aquellos que, liberados del tumulto de las cosas del mundo, sirven a Dios con una consagración total en la soledad del cuerpo y del corazón. Pues ellos, despojándose de lo que en el tumulto de la muchedumbre frena al alma en la contemplación de las verdades divinas, pueden vivir con más facilidad aquello que, como ha afirmado espléndidamente San Teodoro Estudita, es el fin específico del monje: El monje es el que fija la mirada sólo sobre vvvDios, desea ardientemente sólo a Dios, se ha consagrado sólo a Dios y se esfuerza por rendirle un culto indiviso; está en paz con Dios y se convierte en fuente de paz para los demás".

"Esta es, sin duda alguna, una forma singular de vida, con la que de algún modo se anticipa el modo de vivir de los habitantes de la Jerusalén celestial. Por tanto, a aquellos que viven esta vocación solitaria se les puede aplicar de modo singular lo que San Agustín dijo de las vírgenes: Cuánto mejores sois vosotras, que comenzáis antes de la muerte a ser lo que los hombres serán después de la resurrección".

"Sin embargo, no se debe considerar a los eremitas como extraños al cuerpo de la Iglesia y a la comunidad de los hombres, pues, como claramente ha afirmado el Vaticano II, la vida contemplativa es necesaria para la plena presencia de la Iglesia, y los contemplativos estimulan con su testimonio al pueblo de Dios y lo acrecientan con una misteriosa fecundidad apostólica".

"La Orden de los cartujos, con rara fidelidad, ha conservado en su pureza e integralmente, esta vida segregada del mundo y unida a Dios, recibida como una herencia de sus Padres, y esto se convierte en su alabanza y honor. Interesa, pues, a toda la Iglesia que siga floreciendo, o sea, que sus miembros, deseando dar a Dios la gloria que le es debida, gasten colmadamente todas sus fuerzas en su adoración".

Juan Pablo II. Carta al Ministro General de los cartujos en el IX centenario de la fundación de la Orden (1984)

"En diversas ocasiones, los romanos pontífices han aprobado esta vida segregada del mundo y, recientemente, lo han hecho en relación a vosotros Pío XI y Pablo VI. También el Concilio Vaticano II exaltó esta vida solitaria, con la que los habitantes del desierto siguen de modo más cercano a Cristo entregado a la contemplación sobre el monte, y afirmó su fecundidad misteriosa para la Iglesia. Y, finalmente, el nuevo Código de derecho canónico reafirma con fuerza esta verdad, declarando que los Institutos dedicados enteramente a la contemplación tienen siempre un puesto eminente en el Cuerpo místico de Cristo (c.674)".

"Todo esto vale para vosotros, queridos monjes y monjas de la Orden cartujana, que, extraños al rumor del mundo, habéis elegido la parte mejor. Por tanto, en el rápido correr de los acontecimientos que atrapan a los hombres de nuestro tiempo, es necesario que vosotros, mirando continuamente al espíritu original de vuestra Orden, permanezcáis firmes con voluntad inquebrantable en vuestra santa vocación. Pues nuestro tiempo tiene necesidad del testimonio y del servicio de vuestra forma de vida. Los hombres de hoy, divididos por opiniones divergentes y frecuentemente turbados por el fluctuar de las ideas, inducidos incluso a peligros de orden espiritual por la publicación de una multitud de escritos y, sobre todo, por los medios de comunicación que tienen un gran poder sobre los espíritus, pero que a veces se manifiestan en oposición con la doctrina y la moral cristiana, tienen necesidad de buscar el Absoluto, y de verlo en cierto modo probado por un testimonio de vida".

"Darles este testimonio es vuestra misión. Y también los hijos y las hijas de la Iglesia que se dedican a las actividades apostólicas deben, en medio de las realidades fluctuantes y transitorias del mundo, apoyarse sobre la estabilidad de Dios y de su amor, que ven testimoniada en vosotros, que sois partícipes de ellas de un modo especial en esta peregrinación terrena".

"La misma Iglesia, que como Cuerpo místico de Cristo tiene entre sus principales tareas el deber de ofrecer incesantemente el sacrificio de alabanza a la Majestad divina, tiene necesidad de esa vuestra piadosa solicitud, con la que diariamente perseveráis en las vigilias divinas".

"La Iglesia está con vosotros, queridos hijos e hijas de San Bruno, y espera grandes frutos espirituales de vuestras oraciones y de vuestras austeridades, que sostenéis por amor a Dios. Ya hemos tenido ocasión de decir, hablando de la vida consagrada a Dios: lo importante no es lo que hacéis, sino lo que sois. Esto parece aplicarse de un modo especialísimo a vosotros que os abstenéis de la vida activa. Mientras conmemoráis, pues, los orígenes de vuestra Orden ciertamente os sentiréis impulsados a adheriros con renovado ardor del espíritu y con alegría espiritual a vuestra sublime vocación".

© 1998-2020 La Orden de los Cartujos • Contáctenos